El medio ambiente en una genuina economía social de mercado
En este marco, el socialcristianismo promueve las bases de un modelo económico, político y social que propicie un desarrollo humano sustentable, fundado en los principios de la solidaridad y la subsidiariedad. En este sentido, una propuesta socialcristiana debe permitir la “responsabilidad para salvaguardar el medio ambiente, patrimonio común del género humano, para que éste se extienda no sólo a las exigencias del presente, sino también a las del futuro”[1]. Se trata de una responsabilidad que incumbe a la persona, a la sociedad en su conjunto y el Estado.
Bajo este contexto, esa responsabilidad que deben tener las generaciones presentes respecto de las generaciones futuras, en función de los recursos dispuestos al servicio de la humanidad, constituye una manifestación concreta de la solidaridad. Es así como este principio rector del orden social –aquí respecto del medio ambiente–, debe asegurarse bajo la figura de sus dos dimensiones. Primero, una dimensión “intrageneracional”, pues obliga a la persona y al Estado a preservar el medio ambiente en el que actualmente están insertos; y otra con un carácter de mayor trascendencia, denominada dimensión “intergeneracional”, pues obliga a la generación del presente a pensar en el bienestar de la generación venidera.
Por otro lado, el principio de la subsidiariedad nos lleva a sostener que la protección ambiental debe estimularse en el ámbito más cercano al ser humano. En esta óptica, la protección ambiental debe estar desarrollada a nivel local, pero sin olvidar su dimensión nacional; esto estimula su ámbito comunitario y a la vez internacional.
Ahora bien, la protección del medio ambiente, sustentada en el principio ético del cuidado de los recursos naturales, y fundada en los principios de la solidaridad y la subsidiariedad, debe desarrollarse en una genuina economía social de mercado (ESM). Una verdadera ESM, como aquella propuesta por autores alemanes como W. Röpke, A. Müller–Armack y L. Erhard, debe ser capaz no sólo de articular la justicia social, la libertad, la solidaridad y la subsidiariedad como sus principios rectores, sino que también debe incorporar dentro de su matriz el principio ecológico o medioambiental. Esto debido a que el elemento ecológico puede considerarse dentro de la dimensión social del ser humano, ya que un medio ambiente sano es beneficioso para la sociedad y el país.
Marcelo Resico, uno de los estudiosos latinoamericanos de la ESM junto a Eugenio Yañez, ha señalado: “La política ambiental en el marco de la economía social de mercado debe desarrollarse a distancia de dos concepciones radicales: (i) el proteccionismo radical que preconiza la intangibilidad de la naturaleza y rechaza la intervención productiva transformadora; y (ii) el liberalismo radical que plantea la rentabilidad económica como concepto único, excluyendo cualquier intervención en el mercado destinada a la protección ambiental”[2]. Por el contrario, una ESM debe buscar y encontrar los equilibrios entre la inversión y la explotación de los recursos naturales junto con la transformación productiva y racional de éstos. Lo que se traduce en que este modelo económico, político y social deba responder al deber moral de la solidaridad intergeneracional. Lo que permite concluir que tanto la tesis del proteccionismo como del liberalismo radical conducen a una sucesión de conflictos que se han vivido en el pasado y se siguen experimentando en el presente.
Una economía que respete el medio ambiente no buscará solamente el objetivo de la máxima utilidad, porque la protección ambiental no puede asegurarse sólo en base a cálculos financieros de costos y beneficios. El ambiente es uno de esos bienes que los mecanismos del mercado no son capaces de defender o promover adecuadamente. Por eso es que esta dimensión del ser humano siempre debe estar bajo la óptica de un cuerpo institucional, con el fin de impartir una visión de sociedad.
Si bien es cierto que hoy en día el tema medioambiental ha adoptado muchísima relevancia, es necesario entender que esto aparece como un tema más dentro de las múltiples dimensiones de la humanidad. Por esto, las políticas medioambientales deben desarrollarse de una forma integral y global, adoptadas desde una visión de Estado. Ante ello, se recoge de muy buena forma que existan candidatos que quieran resaltar la importancia del medio ambiente como un estilo de vida, pues a priori no son descartables sus propuestas.
En este sentido, una tradición socialcristiana obliga a interpretar los principios de la solidaridad y la subsidiariedad no sólo al orden social, sino que también al tema ambiental. Se debe entender que el desarrollo y protección de los recursos se sustentan en un deber de responsabilidad moral y en la necesidad de asegurar un modelo económico, político y social capaz de articular esta riqueza de principios.
Felipe Mancilla Mejías
fuente: https://blogtertulia.wordpress.com/2013/11/04/el-medio-ambiente-en-una-genuina-economia-social-de-mercado/
Es sumamente importante hacer referencia al término "intergeneracional", pues hace mención de la responsabilidad que tiene la generación actual con generaciones futuras, las cuales compartirán el mismo ambiente que nosotros hacemos uso, y es nuestra responsabilidad dejarla igual o en mejores condiciones, para que puedan gozar de los beneficios que envuelve un medio ambiente sano.
ResponderEliminarEl medio ambiente es una fuente de recursos que ayudan a generar ingresos económicos, sin embargo, el costo de oportunidad es muy alto en cuánto el cuidado del mismo, por ello se debe de encontrar un equilibrio entre utilización de recursos y cuidado del medio ambiente, pues si bien es importante generar ingresos para poder optar a bienes y servicios, no tendría sentido alguno contar con los mismos si la preocupación y el desgaste de la naturaleza es alta.
ResponderEliminarEconomia social de mercado y medio ambiente...
La Economía Social de Mercado está demostrando una vigencia singular en esta época de nuevos y urgentes desafíos para el mundo. Vemos cómo las fallas inevitables del modelo liberal han ocasionado enormes crisis financieras y también una gran desigualdad, particularmente en nuestro continente.
En un orden de Economía Social de Mercado el Estado, como responsable del bien común, debe configurar el “orden”, el marco legal, que integre el principio de libertad para el ejercicio de actividades económicas y los otros principios constitutivos y reguladores, con el principio de compatibilidad ecológica.
a. Una economía que respete el medio ambiente no buscará únicamente el objetivo del máximo beneficio, porque la protección ambiental no puede asegurarse sólo en base al cálculo financiero de costos y beneficios. El ambiente es uno de esos bienes que los mecanismos del mercado no son capaces de defender o de promover adecuadamente.